Salta - Argentina: domingo 01 de febrero 2026 19:53 hs.

Efemérides Necesarias: Breve Historia de Argentina y el FMI.

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Salta/Argentina (Por Fernando Barbarán(1).- Argentina y el FMI han mantenido lo que podemos entender una relación tóxica si lo ponemos en término modernos. Nunca se quisieron, pero se fueron haciendo dependiente cada vez más uno del otro. Argentina se junta con sus amigos/as (países hermanados), habla mal del FMI y las cosas que le hace (destrucción de su soberanía y su sociedad completa).

El FMI se reúne con sus padres (Estados Unidos) y se queja de lo complicada que es la relación con Argentina, la cual le hizo perder tres grandes amigos (tres directores que fueron despedidos del organismo por no poder llegar a un acuerdo con el país). Y profundizando la analogía, podemos comparar claramente la violencia económica basada en género que sufre Argentina por parte del FMI: el país no entiende otra forma de sostenimiento económico si no es otorgada por el FMI. Los gobernantes no quieren salir de esa relación tóxica que sabemos que no lleva a ningún lugar sano.

Argentina y el FMI se conocieron en 1958 con el presidente Arturo Frondizi, pero el punto de partida no será este, ya que fue recién con la Dictadura Militar de 1976 que el país se hizo dependiente del organismo, de la deuda externa y no pudo salir más de ese círculo tóxico y enfermizo. La política económica de la Dictadura Militar provocó cambios estructurales para siempre en la matriz micro y macro económica del país. A partir de este momento, el abuso del Estado y su economía por parte de un grupo selecto de monopolios inició el proceso de endeudamiento desde 1976 hasta la fecha, ocasionando ciclos cortos de crisis que siempre incluyeron inflación, corridas cambiarias, desabastecimiento de dólares del Banco Central, dejando resultados de pobreza y desempleo cada vez mayores respecto al ciclo anterior.

Dictadura Militar 1976 – 1983

En una primera etapa, el Ministerio de Economía estuvo dirigido por José Martínez de Hoz. Un obsecuente de los militares y genuflexo a los intereses norteamericanos. Con un discursito paupérrimo de “libertad, producción y trabajo” este nefasto personaje de la historia argentina, no solo dio inicio al proceso de endeudamiento constante del país, sino que tuvo el mérito de implementar de hecho, las primeras teorías de la Escuela Económica de Chicago (además de Pinochet en Chile), cuyos fundamentos fueron la base del neoliberalismo. Estas ideas desarrolladas por otros personajes peligrosos de la historia mundial como Milton Friedman o Friedrich Hayek fueron las que dieron el impulso a Ronald Reagan en Estados Unidos y a Margaret Thatcher en Gran Bretaña de someter mediante el control económico a los países posteriormente denominados como “subdesarrollados”. A los pocos días del comienzo del gobierno militar y la designación de Martínez de Hoz en Economía, el FMI aprobó rápidamente, sin cumplimentar siquiera con su procedimiento interno, un préstamo de US$ 110 millones para Argentina. La Dictadura Militar promulga en 1977 la Ley de Entidades Financieras que obligaba al Estado a dejar de financiarse con préstamos del Banco Central y comenzó a hacerlo con créditos internos y externos y ¡todavía sigue vigente a pesar de no haber sido soberana! La demanda estatal de crédito interno privado contribuyó a sostener elevada la tasa de interés, por encima de la internacional, lo cual estimuló el ingreso de capital especulativo. Se empiezan a producir las primeras corridas cambiaras en el país y en 1978 Martínez de Hoz ejecuta una devaluación planificada, denominada mediáticamente como “la tablita”. Esto no hace más que aumentar la especulación financiera desmedida. No solamente eso, sino que intentaron incentivar el ahorro interno para evitar el aumento de la salida de dólares y terminaron pagando los plazos fijos que ofrecían las entidades financieras nacionales que fueron quedando en quiebra por las medidas. El Estado terminó asumiendo el costo de los pasivos de veinticinco (25) entidades crediticias que fueron cerrando. En este contexto, los créditos hipotecarios, entre otros, aumentaron más del 100% anual, resultando impagables para los ciudadanos llevando a convertirse en deudores graves, perdiendo la propiedad de sus viviendas. Muy adecuado para el Proceso de Reorganización Nacional que se definía como el defensor de la propiedad privada, entre otras pavadas. Todo esto llevó a un proceso de endeudamiento cada vez mayor que contaba con la presencia del FMI al instante. En solo dos años, el plan económico estalla y deja una inflación anual del 160%, el PBI en descenso y una fuga de capitales que se estimaba en el 25% de los depósitos bancarios, ocasionando el cierre de entidades bancarias. Las exportaciones cayeron y la industria nacional desaparecía rápidamente (al igual que miles de perseguidos políticos). Martínez de Hoz abandona el Ministerio y Videla la presidencia con una deuda externa de US$ 40.000 millones con el FMI. Pero la Dictadura Militar seguía gobernando. Apareció Viola en la presidencia y Sigaut como Ministro de Economía. Quedó sin efecto “la tablita” y se decretó un “dólar financiero” libre y un “dólar comercial” regulado con diferentes valores según el uso (igual que el dólar sojero de Alberto Fernández). La deuda externa aumentó un 31% y el PBI seguía descendiendo. Consecuencias directas de esta constantes de medidas fueron la estatización de la deuda de empresas privadas (como ser el Grupo Macri, Banco Galicia, Bunge y Born, Molinos Río de la Plata, Loma Negra, Ingenio Ledesma, ACINDAR y Papel Prensa), la pérdida del poder adquisitivo del salario mínimo (el cual no se recupera hasta la fecha) y niveles inflacionarios de tres dígitos anuales. Al finalizar la Dictadura Militar en 1983, la deuda externa alcanzaba los US$ 45.087 millones. Estos préstamos del FMI marcan el punto de partida del proceso de endeudamiento constante en Argentina, siendo deudas contraídas por un gobierno no democrático, delictivo, asesino y en complicidad con empresas nacionales, extranjeras, militares y operadores económicos. Una deuda que nunca fue soberana y de todas maneras la población se hizo y se sigue haciendo cargo.

Gobierno de Raúl Alfonsín 1983 – 1989

A finales de 1983, Raúl Alfonsín asume la presidencia de Argentina restituyendo el periodo democrático y el más extenso que tuvo el país hasta el momento. El contexto económico que había dejado la Dictadura Militar era muy frágil. Alfonsín inmediatamente le solicitó al FMI una reunión para una negociación de la deuda externa que no afecte sus primeros días de gobierno, entendiendo que el país no estaba con condiciones de cumplir con el pago. Y esto se convirtió una constante del ministerio económico en la “primavera alfonsinista”: luego del primer acuerdo con el FMI en diciembre de 1984, se firmó otro en 1986 por la suspensión de pagos, entre 1987 y 1988 se suman tres negociaciones y finalmente en 1988 el FMI anuncia que Argentina entra en moratoria por el pago de su deuda externa. Sin embargo, Alfonsín recibe unos US$ 10.000 millones más de préstamos por el organismo internacional. No es curioso que el FMI le haya entregado préstamos a la Dictadura Militar sin exigirle apuros en los pagos y no declarar a Argentina como moroso, cuando claramente no podía pagar ya en el periodo de gobierno de facto.  Con el gobierno democrático no tuvo flexibilidad. El fin del alfonsinismo fue desastroso. Niveles hiperinflacionarios anuales de cuatro dígitos, llegando al 4.000%, una reforma monetaria de emergencia y los ciudadanos y las ciudadanas de Argentina haciéndose cargo de una deuda que, repito, nunca fue soberana.

Peronismo neoliberal 1989 – 1999

A pesar que apenas asumido el gobierno peronista de Menem y la gestión del Ministerio de Economía de Domingo Cavallo se trató de implementar un plan para resolver el tema de la deuda externa, llegando a afirmar el mismísimo Cavallo que la deuda estaría cancelada a principios de siglo XXI y ya no sería un problema, la relación entre el Estado argentino y el organismo norteamericano llegó a su segundo clímax. En la década del gobierno de Carlos Menem la deuda externa se elevó un 123%, unos US$ 146.219 millones. Pero uno de los grandes errores económicos de este gobierno fue el Plan de Convertibilidad. Pensaban que esta semi-dolarización iba a traer equilibrio en el déficit fiscal nacional, pero, al igual que durante la Dictadura Militar, se provocó una nueva fuga de capitales de las cuentas nacionales, dejando sin reservas de dólares al Banco de la Nación. Como dije, la balanza de pagos se volvió deficitaria (o siguió igual mejor dicho) y para cubrir estos costos, lo único que se les ocurrió a Menem y Cavallo fue seguir endeudándose con el FMI. Las deudas del sector privado que se vio afectado por estas medidas fueron nuevamente compensadas por el Estado. Las recetas de ajuste que proponía el FMI y las ideas neoliberales no provocaron reducción del gasto destinado al funcionamiento del Estado, sino que fueron destinadas a reducir el gasto público social y los servicios sociales. Es decir, el Estado era el mecanismo por el que se solicitaba la deuda, pero también con el que se salvaba a las empresas y a los grupos concentrados económicos de Argentina, este financiamiento del Estado quedó intacto. La dirigencia política vivía de este mismísimo Estado que supuestamente se mantenía al margen de toda esta depravación neoliberal. Mientras, los daños sociales fueron severos: el 32% de la población se encontraba bajo la línea de pobreza y a esto se le sumaba un 16% de desempleo. El abuso del Estado fue siniestro. La paridad del peso argentino con el dólar fue pura ilusión y los costos siguen siendo carísimos para la sociedad.

Gobierno Fernando De La Rúa 1999 – 2001

El radicalismo optó por mantener la convertibilidad y avanzó en la reducción del gasto público y estatal. El FMI les propuso un plan de ajuste que los tres Ministros de Economía de este periodo (Manichea, López Murphy y Cavallo) llevaron con obediencia. Esto incluía reducción del gasto público, aumento de impuestos, reforma previsional y reforma laboral. Estas medidas se fueron sancionando por el Congreso de la Nación a través del pago de sobornos (coimas) a los diputados y senadores de distintas banderas políticas para que aprueben las leyes. En diciembre del 2000 Argentina firma un “blindaje financiero” con el FMI y solicita un nuevo préstamo de US$ 38.000 millones. El desembolso de estos fondos se hizo con un monitoreo estricto y presencial de funcionarios del FMI de manera escalonada. La economía nacional seguía destruida y los gobernantes cada vez más sometidos al organismo norteamericano de créditos. La crisis institucional y económica del gobierno de De La Rúa provocó mayor fuga de capitales, dejando nuevamente las arcas del Banco de la Nación casi vacías. El FMI comenzó a abrir el paraguas e informaba que Argentina no lograría cumplir las metas impuestas y que no podría entregar más desembolsos. Esta información fue dirigida por los medios de comunicación que ocasionaron aún mayores salidas de capitales del país. Cavallo intentó realizar un plan denominado como “Megacanje” donde Argentina ofrecía títulos de deuda a privados con intereses altos. Pero también fracasó. Entre el “Blindaje financiero” y el “Megacanje”, la deuda externa aumentó, a pesar que el FMI había manifestado que Argentina no podría pagar. Mientras, la fuga de capitales ocasionó un corralito financiero de los bancos que limitaron la extracción de dinero de las personas, provocando un malestar generalizado llegando a disturbios sociales y represión policial. De la Rúa y Cavallo (entre otros funcionaros) terminaron renunciando en diciembre de 2001 en medio de una crisis política, social y económica que desembocó en la devaluación de la moneda al año siguiente. Al final de su gobierno la deuda externa ascendía a US$ 184.219 millones. Los indicadores sociales eran desastrosos: el 40% de la población hundida en la pobreza y las instituciones públicas desfinanciadas e ineficientes.

Gobiernos de interinatos 2001 – 2003

Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Camaño estuvieron a cargo del Poder Ejecutivo mientras se resolvía la crisis institucional. Eduardo Duhalde finalmente asume la presidencia con la promesa de dirigir el país hasta el llamado a elecciones formal de 2003. La primera medida fue declarar el default: no se podía pagar la deuda. Otra medida, fue la salida del Plan de Convertibilidad: no más paridad entre el peso argentino y el dólar. Esto provocó que se pesifiquen las deudas del Estado con tenedores nacionales y los depósitos bancarios en dólares. Sin embargo, en base a una pequeña estabilidad lograda, Eduardo Duhalde llegó a tomar deuda por unos US$ 47.000 millones.

Peronismo kirchnerista 2003 – 2015

Durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, se realizaron dos canjes de deudas, uno en 2005 y otro en 2010, a la vez que se pudo pagar la totalidad de la deuda con el FMI. Néstor Kirchner había recibido a funcionarios del organismo norteamericano durante los primeros meses de su gobierno en el país y les manifestó que Argentina no iba a solicitarle más préstamos al FMI. Sin embargo, el kirchnerismo había optado por otros métodos de financiamiento, recurriendo a otros organismos internacionales u otros Estados acreedores, pero que no imponían recetas de ajustes o sometimientos soberanos como sí lo hacía (y lo sigue haciendo) el FMI. Lo cierto es que la deuda externa argentina en términos nominales pasó de US$ 178.000 millones en 2003 a US$ 250.000 millones en 2014. Así también, la deuda se redujo un 73% respecto al PBI, es decir, niveles previos a la Dictadura Militar. No obstante, el kirchnerismo había pagado calladito una deuda que no era soberana, dejando a los financieros internacionales contentos. Argentina llegó a ser durante la década kirchnerista el país con mayor nivel de desendeudamiento del mundo. La receta del kirchnerismo fue optar por los títulos en pesos financiados por los organismos públicos (Banco de la Nación y el ANSES, principalmente). De esta manera reducían la participación del sector privado en el porcentaje de la deuda externa.

Gobierno de Mauricio Macri 2015 – 2019

Mauricio Macri llega a la presidencia de la República Argentina con un objetivo económico muy claro, que logró cumplir en la mayoría de los aspectos. Como buen empresario y, siguiendo los dogmas de su familia, se asentó en las políticas neoliberales de la Dictadura Militar y en las del peronismo menemista que le dieron el espacio político que él mismo fue construyendo. La gestión de Macri le solicitó al FMI el préstamo más grande en la historia del organismo y del Estado Argentino: US$ 50.000 millones. La relación tóxica volvía a consolidarse. Este préstamo luego fue aumentado a US$ 62.750 millones. El FMI había sido claro también esta vez con sus pretensiones al declarar que esta deuda se otorgaba, siempre y cuando el gobierno argentino reduzca el gasto público en las áreas de salarios, pensiones y políticas sociales. Comienza así el tercer gran ciclo de endeudamiento argentino a un ritmo más veloz que el de las épocas de la Dictadura Militar. Hacia finales de marzo de 2019 la deuda externa bruta argentina superaba los US$ 275.000 millones. El macrismo además, se encargó de devaluar el peso argentino cada vez que tuvo la oportunidad. En primera instancia, a los pocos días de haber asumido, donde devaluó la moneda nacional en un 40% respecto al dólar. Posteriormente se vivieron dos crisis cambiarias, una en 2018 y otra en 2019, acrecentadas por la fuga descontrolada de capitales, alcanzando la pérdida de US$ 9.000 millones de las arcas estatales. Mauricio Macri intentó excusarse de esto diciendo que “el dólar se tenía que ir a donde se tenía que ir para que los argentinos aprendan a quién tenían que votar”. La relación tóxica entre el gobierno y el FMI, con características del pasado, volvía a enfermar a la sociedad argentina. El macrismo terminó su gobierno con el 35% de pobreza y 8% de indigencia o pobreza extrema. Durante este periodo se perdieron 191.300 puestos de trabajo registrados.

Gobierno de Alberto Fernández 2019 – al presente

Limitado en gran parte por la Pandemia del COVID-19 y la gran recesión mundial provocada por la misma, el gobierno peronista de Alberto Fernández no pudo contener los efectos del nuevo endeudamiento y los porcentajes de inflación, pobreza, indigencia y desempleo arrastrados desde la época macrista, aumentaron sensiblemente. Alberto Fernández y su Ministro de Economía Martín Guzmán, intentaron renegociar la deuda con el FMI, resultando infructuosa, donde el organismo no hizo más que seguir imponiendo condiciones, para lo que el gobierno nacional trató de obedecer. Posteriormente, y en medio de otra crisis cambiaria, se nombró una nueva Ministra de Economía, Silvina Batakis, que terminó solicitando un préstamo de US$ 200 millones al Banco Mundial mientras mantenía reuniones con funcionarios del FMI en Washington. En este momento, se volvió a cambiar la estructura de gobierno del Ejecutivo en un hecho inédito: nombraron como Ministro de Economía y otros sectores claves (Producción y Agricultura) al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Los referentes del poder económico mundial manifestaron su apoyo al nuevo ministro y los mercado reaccionaron distinto. Lo que no sabemos es, ¿el Estado argentino seguirá tomando deuda del FMI desmedidamente? Nada bueno quedará de este gobierno ni de su interés por mantener una buena relación con el FMI.

¿Cómo sigue?

Actualmente, la economía argentina está pasando por uno de sus momentos más sensibles y difíciles y parece que nadie quiere hacerse cargo o intentar algo distinto. Como toda relación tóxica, no se quiere romper con ese círculo de violencia económica y dependencia emocional con el FMI y el dólar norteamericano.Mientras, la sociedad argentina está cada vez más resquebrajada. Pero también confundida. Los sectores más radicales de la derecha gritan consignas sociales, pero apoyándose en vetustos personajes de la historia nacional que fueron en gran parte responsables del endeudamiento que nos trajo hasta este lugar. Hablan de defender al micro empresario o a la industria nacional, pero defienden la Dictadura Militar que casi extingue estos sectores. Piden empleo, pero repiten frases de políticos que desprecian al trabajador. No quieren que el Estado intervenga, pero no se enojan cuando el Estado salva empresas multinacionales o toma deuda. Ahora resulta que dolarizar la economía parece la solución, pero se olvidan de lo rápido que terminó y dañino que fue la paridad uno a uno durante los noventa. Se enojan con la izquierda, critican el socialismo y piden por capitalismo, pero no quieren reconocer que la realidad de los problemas que nos pasa no es más que el capitalismo siendo capitalista. Aseguran que el problema es la izquierda. Si tanta culpa tienen los zurdos, por lo menos le hubiéramos dado la posibilidad de gobernar al menos un par de años y ver si quizás existían otras opciones antes que tomar deuda desmedidamente y terminar como estamos ahora. Como habrán visto, la historia de la economía argentina no tiene la participación de ninguna política “zurda”, “socialista”, “comunista” o como le quieran decir. Solamente recordarles que el vecino país de Bolivia al que tanto desprecian, gracias a políticas sostenidas de economía planificada de hace más de diez años están mucho mejor que nuestro país eternamente dependiente y obsecuente al FMI, Estados Unidos y los intereses de los monopolios locales. No queda otra salida más que aceptar que la deuda con el FMI no es soberana y cobrárselas a los que la defendieron.

(1)Columnista La Columna NOA/Columnista Radio Novgorod/Contacto: 3875206852 | ferbarbaran@hotmail.com

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