Salta - Argentina: sábado 31 de enero 2026 14:32 hs.

Gaston Espeche: El declive de una civilización.

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Salta / Argentina (Por Gaston Espeche (1).- La noticia del día es un video de TikTok, en donde se puede ver al secretario de turismo de la provincia de Salta, Mario “Marito” Peña, presentando la semana de la gastronomía. Evento importante para los tantos restaurantes, peñas y bares que pululan en esta ciudad que generan trabajo y también ofrecen una salida recreativa entre amigos o alguna cita romántica o no tan romántica para hombres y mujeres entre hamburguesas, pizzas, paellas, maníes, sanguches fríos y calientes, pero sobre todo mucha degustación de vino y cerveza a diestra y siniestra. Pero lo que todo el mundo quería ver era a “Marito”, en lo que parecía ser un estado de estupor causado por la ingesta de estupefacientes, con los ojos casi saliéndose de sus órbitas, súper paranoico mirando hacia todos lados, con las manos inquietas como las de un niño con Asperger con problemas de ansiedad.

La “gracia” es que el Sr. Peña parece haber consumido una línea “blanca” en el ñoba antes de entrar a la presentación de la semana de la gastronomía. Los lectores se podrán imaginar los tipos de comentarios y reacciones que inundaron las redes sociales. Un gran despliegue de comparaciones burlándose de la situación en que se encontraba Marito, que parecía haberse tomado toda la bolsa. Estaba en otra, en pleno estupor, inquieto, nervioso, algo perdido… Pero ¿Qué le pasaba al secretario de turismo?

De todas formas, creo que toda persona que consume sustancias psicoactivas legales o ilegales de manera peligrosa, es porque está atravesando una situación muy vulnerable. Sin importar si es millonario, empresario, político, Rappi o verdulero. Me ha pasado (porque no soy ajeno a nada de lo relacionado con las drogas) poner en riesgo mi trabajo y mi integridad física y moral bajo los efectos de… lo que sea. Recuerdo haber trabajado como delivery en Rappi, después de haber tomado un par cervezas, y salir a hacer pedidos. No es nada raro que ante la presión que vivimos día a día los seres humanos, alguien no apele a darse un “puntín”, una “línea” de “meme” o hacerle una “seca” a un “churrito” en medio de la jornada laboral. Tampoco es algo del otro mundo. Hay gente que lo hace en su casa con drogas legales y otros seguro tendrán otras formas de canalizar todo el stress diario. No obstante, poner a los demás y a uno en peligro a causa de mi adicción es algo obsceno. El secretario de turismo y cualquier otra persona que esté con problemas de consumo, debería pedir ayuda. Nosotros, los que nos burlamos de estos furcios debemos también ayudar a alguien que esté pasando por un momento tan delicado. Finalmente, a las pocas horas de la viralización del video, el secretario de turismo aclara que fue un “editado” realizado por algún “malintencionado”.

Confieso que yo también aporto mi cuota de alacranería (como diría Roberto Arlt). Me nutro de esta anécdota y llevo algo para mi quiosquito. Pero por mi deber de escritor, también trato de sacar algo bueno de toda esta confusión, alguna reflexión, algún cuestionamiento. El problema de esta situación compleja es el consumo exacerbado, insano, desproporcionado, arbitrario, de las redes sociales. Personas con acceso a Internet y malas intenciones siempre han existido, pero eso se solucionaba con un buen firewall y la ayuda de un antivirus. Pocos se hubieran imaginado que las herramientas que pueden caer en manos equivocadas y provocar drásticos cambios en las vidas de las personas tanto dentro como fuera de las redes, si es que se puede establecer algún límite -ya veremos con el tiempo- estén en manos de todo el mundo. Al alcance de tu bolsillo, de tu cartera, de tu mano. Este es un punto de partida, pero no lo es todo. Lo terrible es el gran ojo de Gran Hermano que ya no es una pantalla en la pared de todas las casas; ni un mundo distópico a lo Huxley o Philip K. Dick. Son un poroto al lado de esto que vivimos en la real realidad. El panóptico del que hablaba Foucault, ese ojo que mira 360 grados, está ahora en nuestras manos, finalmente llegó el día en que el héroe trágico se mata con la misma espada que ha desenterrado. Constantemente observando y siendo observados, vigilando los movimientos de nuestros amigos, allegados, desconocidos que ellos (nosotros) subimos sin que se nos sea impuesto ninguna alguna ley tiránica a lo 1984, fragmentos de nuestra propia vida privada, de nuestro mundo íntimo, de nuestros quehaceres diarios.

Todo esto esto sin hablar de la nueva, reinante, flamante, mínima y eficaz, sin lugar a dudas, nueva forma de humor: los Memes. Imagenes macro, que se enviaban por e-mail en tiempos prehistóricos. Que luego pasaron a ser utilizados para ironizar sobre algún tema en foros online A.Z (Antes de Zuckerberg) Y que lentamente fue llegando al público masivo, a mi tía, a tu vecina, a los cajeros de supermercados, a los policías, a los maestros, a los jubilados, ese público que pronto pasó de ser meros espectadores a formar parte del coro, y algunos de ellos se pusieron los coturnos y salieron a protagonizar la nueva comedia. Ese coro no dudó en aprehender el Meme, explotar el Meme y darle, sin cansancio, hasta el día de hoy, que hasta se utiliza para enseñar en las escuelas Cien Años de Soledad.

Por hacer un buen Meme, la gente hasta se tira de los colectivos, saca fotos a extraños en la calle, busca material para generar nuevo contenido a cualquier precio, cualquier cosa puede ser convertida en Meme. Y así es como pasamos nuestro tiempo, buscando un buen Memazo. Y en este scanneo a lo Terminator, es como fue a parar el bueno de Mario Peña. Digo bueno porque no lo conozco.

 ¡Qué talento el del cibernauta que editó ese video! Lo tendrían que llevar a editar películas o mejor, dedicarse de lleno al cine. Y qué ojo debe de tener el pibe para poder captar con tanta pericia los detalles de la vida cotidiana para dar justo con el pobre Marito preocupado porque “se podían caer las luces sobre los periodistas” y convertirlo en un meme. Solo que no me va, no me copa burlarse de la enfermedad de otro, en serio lo digo. Las redes sociales presentan este gran síntoma y los efectores de salud están en muy seria desventaja. La vigilancia constante, la paranoia, el narcisismo, la manía de sacar fotos de todo, esta obsesión por la mirada, que como decía William Butler Yeats, denotan la última fase de una civilización.

(1) Escritor, Profe de Inglés, y columnista adhonorem de LaColumnaNOA. Contacto/Whastsapp/+549387-4628296.

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