Salta - Argentina: sábado 31 de enero 2026 16:04 hs.

Gaston Espeche: Todo Depende.

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Salta / Argentina (Por Gaston Espeche (1).- Hace casi un año que no escribo una reseña teatral en esta columna. Pero fui a ver “Celebración de Manuela Saenz”, un unipersonal de Cecilia Hopkins, en el Centro Cultural La Totora, en Vaqueros.  Para los que no que no saben casi nada (como yo) de historia latinoamericana, Manuela Saenz fue la mujer de Simón Bolivar, nacida en Perú, estigmatizada como “loca”, objeto de humillación por parte de los hombres, y sufriendo su esterilidad que no le permitió tener hijos, acompañada por sus tres perros, y el fantasma de una sirvienta negra a quien ama sinceramente. Para los que no saben casi nada de historia del teatro argentino, Cecilia Hopkins escribe, y tengo un libro suyo sobre Witold Gombrowicz, otra luminaria del teatro que vivió en Argentina 24 años siendo polaco y dramaturgo en Argentina.

Mi primera observación nace de una cosa que veo desde hace tiempo: la cantidad de unipersonales que se están poniendo en escena en las salas del país. No hay obras de teatro donde haya más de un personaje en escena, salvo algunas excepciones ¿Es por una cuestión de presupuesto? Sabemos que es costoso producir, pagar actores, ensayos, etc. Y es mejor, quizá, y a la vez más sencillo, disponer de los recursos para una sola persona. Por cuestiones de traslado, una persona llevando una valija con toda su obra adentro aliviana de responsabilidades varias a los encargados de la sala, el seguro, el combustible, la logística ¿para qué entonces alquilar un bondi para llevar 24 cordobeses, entre ellos el director, técnicos y actores, por lo alto y lo ancho del país, si puedo pagar un pasaje ida y vuelta de una sola persona, encima reconocida y admirada? Además hay que pagar comida y alojamiento, y sé bien del apetito y la sed que traen consigo los trabajadores y trabajadoras del teatro.

El otro motivo es el trabajo en grupo. Alguien me dijo que la gente se está cansando de los grupos de teatro por la cantidad de problemas y conflictos entre sus integrantes. “Nadie se banca” me dijo esta persona. Entonces, deciden cortar por lo sano. Generalmente, el actor es a su vez dramaturgo, y a veces hasta director. Es decir, el trabajo de dirección, escenografía, luces, técnica, tareas administrativas , etc, se capitaliza en una sola persona. Me parece paradójico que se hable de descentralizar las producciones para lograr una mayor especificidad en las distintas áreas de producción y generar más trabajo; y que en la vida real se haga otra cosa, totalmente distinta. A lo sumo contratan o le piden a alguien que les haga el favor de trabajar en las luces durante la función. Lo he visto con mis propios ojos.

Ahora la parte que más me interesa como dramaturgo ¿Por qué predominan las obras sobre personajes históricos o personajes de ficción históricos? Creo saber la respuesta. Eligen trabajar sobre una figura histórica paradigmática que haya sido representativa de una época, que haya hecho cosas importantes, cuya existencia haya marcado su tiempo; de forma tal que ya no sea la autobiografía donde cuento mi infancia, mi paso por la vida, mi transformación en lo que soy ahora. Porque contar mi vida no siempre es interesante. Es algo muy elemental el creer que porque a mí me paso esto o aquello, es suficiente para que sea llevado a escena, o es suficiente para que sea escrito ya sea el medio que sea (novela, relato, poesía). El trabajar con un personaje histórico, siento que es una forma (solo una más) de poder escapar de ese gesto egoísta, ombliguista, de narrativa y de postura frente al arte. También presencié obras que son como spinoffs de otras obras, Hamlet, Antígona, etc. de donde extraen un personaje y crean una historia paralela, crean otra obra en base a su historia. Es el mismo mecanismo, pero desde la ficción, por llamarla de alguna forma. De todos modos para mí, esto no es el quid de la cuestión.

Si solo es válido hablar de personas importantes, Buchner no hubiera escrito sobre un soldado raso que es utilizado para experimentos científicos por su doctor; que afeita y lusta las botas de su general. Roberto Arlt no hubiera escrito sobre un trabajador de medio pelo descontento de su vida, al que su jefe no recuerda ni el nombre. Sarah Kane no hubiera escrito sobre una adolescente discapacitada en una pieza de hotel con un cuarentón racista. Son generalmente personas que transitan esta existencia sin hacer nada de mayor magnitud y se las lleva el olvido. Es justamente el teatro donde se las exalta y las ponen como referentes de un tiempo y un espacio.

Lo importante no es “el qué” sino “el cómo”. Usted, lector, me dirá: “pero es básico lo que planteás” Sí, pero parece que no es tan básico. Hay que pensar cómo hacer para que esa historia por más mínima y trivial que parezca se haga mito, donde haya un trasfondo que vaya más allá de la mera existencia. Se me viene a la mente, “Soy mi propia mujer” de Doug Wright. Si bien trata un poco de la vida de la trans alemana Charlotte Von Carlsberg, famosa por ser una espía, una coleccionista, una dueña de un bar durante el nazismo y el comunismo, pero no es solamente eso, también cuestiona la historia, como es contada y qué responsabilidad tiene el dramaturgo cuando habla de personajes históricos ¿Qué es cierto y qué no es cierto? ¿Quién escribe la historia y para qué? ¿Hablamos del universo de una persona, de un espíritu, o de una creación de los medios? En este caso, la vida de Charlotte es sin duda maravillosa, pero también está contada de forma misteriosa, atractiva, graciosa inclusive. No es solamente una lección de historia o moral.

Y volvemos al mismo punto de antes, lo que yo considero importante y significativo no basta para que sea así como lo advierta el espectador, el lector. Si es algo demasiado personal, hay que buscar entonces como puede adentrarse y formar parte de eso, que se sienta partícipe el espectador de lo que está presenciando. Porque lo que está mi cabeza lo veo yo solamente, y si es solamente eso lo que importa, entonces hay una valla que no permite que el otro se acerque, aunque la pueda mirar de lejos. Pero el teatro es acercar, no mirar desde una distancia. Tras leer a los teóricos y estudiosos del teatro, la conclusión que uno saca, es “Todo Depende”. Depende de la finalidad, depende del momento en que se encuentra el teatro contemporáneo, depende del texto, depende de la producción, de los cuerpos en escena, de las luces, del público, del presupuesto, de la sala, del espacio. Todo depende.

(1) Escritor, Poeta, Profesor de Inglés y Columnista de LaColumnaNOA /Contacto: +54387-4628296

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